A 66 años del ataque de las bombas en la ciudad de Hiroshima y Nagasaki el pueblo de Japón no solo no se permite olvidar estas tragedias, si no que es víctima de una nueva en su tierra.
El desastre de la planta de Fukushima revivió los temores de una población que aún mantiene viva la imagen del hongo que explotara aquel agosto del ´45. Cuando más de 120.000 personas murieran en el marco de una guerra que no habían ido a pelear.
A pesar de ello, la nación que fue golpeada por el mayor ataque nuclear de la historia se encargo de ser la que más plantas nucleares instalara en su país. Si bien la tragedia reciente de la planta de Fukushima se debe a un accidente, mucho le cuesta al mundo entender el por qué Japón apostó a invertir en este tipo de tecnología.
Fueron las imágenes de este accidente las que más patente nos hicieron acordar de aquel terrible ataque de parte de Estados Unidos. Una potencia que emergía de las cenizas de otra.
Hablamos de un Japón que queda muy lejos, tan lejos como quedaba el mundo para Susanita. Pero cruzando el charco o pasando un pié a Libramento encontramos plantas de energía nuclear, plantas que ya se han intentado instalar en Uruguay.
Quizá luego de las bombas, luego de Chernobyl, de Fukushima la postura deberían de ser más tajantes. No tendría que ser necesario otro capítulo para cerrar la trama de esta novela a la que ya le conocemos el final.
Las respuestas siempre nos llevan al mismo lugar. El poder, motor de un hombre que enceguecido por el dinero no deja de ambicionar un mundo que billete a billete lo hace más miserable. Seremos recordados como la especie que engendró su propio mal.
La energía nuclear es sumamente barata en relación al petróleo y su rendimiento supera los niveles conocidos en relación al uso de otras recursos energéticos. Así mismo la fatalidad que encierra es la que más víctimas ha tenido en el menor número de accidentes.
Ojalá llegue el día en que recordemos los ataques de Hiroshima y Nagasaki concretando el desarme mundial. Donde optemos por generar energías renovables que de la vida den vida y vuelvan a ella.
Tanto elijo no mostrar, no decir. Tanto dolor, tantas imágenes, cuerpos, esperanzas marchitas. Me angustio y me estremezco y puedo escribir los versos más tristes esta noche...pero una mano acaricia mi pelo y hoy más que nunca creo all we need is love.

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