Son quince las muertes por violencia doméstica en lo que va de 2011. La mayoría de las víctimas: mujeres. Pero no es por este motivo que el senador Pedro Bordaberry insta a juntar firmas. No es este tipo de violencia la ocupa las mesitas en las esquinas.
Trece de estos casos fueron aclarados, el resto aún espera una explicación. Todos integran la larga lista de asesinatos previsibles, realizados por allegados a la víctima. No se trata de adictos a la pasta base, ni menores infractores con varios folios de antecedentes. Estos asesinatos trascienden la posición social y la educación de los individuos.
En retrospectiva la situación se encuentra incambiada, si no peor, contando en las crónicas con sucesivos asesinatos múltiples y de broche muchos de estos casos cierran con el suicido del autor.
Pero no es este tema el que ocupa las horas de tv. No es sobre este tema que se busca concientizar ni formar opinión por parte de los medios de comunicación. Asistimos al raiting de la violencia dirigida.
En paralelo, la derecha se ensaña en promover políticas discriminatorias que afianzan la condena de delincuentes menores de edad. La excusa es que delinquen sin castigo y que el INAU ni siquiera es capaz de mantenerlos alejados de las calles.
La solución parece ser encerrarlos desde más pequeños. Ocupar más espacio en las “latas” o amontonarlos en una celda con delincuentes expertos. Sabiendo que con frecuencia esta mistura consigue capacitar a los primerizos en nuevas modalidades de delito.
El sistema carcelario no está preparado para la recuperación de delincuentes, las cárceles son depósitos de personas y es este un tema que la sociedad conoce. “Vamos Uruguay” no promueve cambios para mejorar esta situación, al contrario su líder alienta al revanchismo, incitando al uso de la justicia por manos propias.
La pena máxima en Uruguay es de 30 años. A pesar de que constituye al menos el 40% de la vida de un ser humano (de acuerdo al promedio de vida), muchos consideran que es poco tiempo. Refugiándose en esto es que fundamentan que si las cárceles no reintegran a los individuos al a sociedad, estos van a volver a delinquir. Por ende, deberían de estar presos de por vida.
Bajo esta misma lógica podríamos preguntarnos ¿cuál es la diferencia que existe entre encarcelar a las personas por más tiempo o penarles con la muerte?
El gobierno se muestra improvisado ante este y otros temas y poco es lo que prevé en políticas carcelarias y en derecho penal. Estamos ante una izquierda que reacciona. Reactiva a las provocaciones de la derecha y un paso atrás acciona enviando megaoperativos a los barrios. Y con estos llegan las cámaras que a imagen y semejanza a las super producciones cinematográficas comoTropa de Elite exhiben la intervención de una policía que cada vez se parece más a lo que ayer nos asombraba del exterior.
Cansados de ver personas muertas de manera injusta, cansados de ver personas vivas de manera injusta solo resta preguntarnos qué estamos haciendo para crear mejores personas, mejores ciudadanos, mejores vecinos, mejores amigos.
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