jueves


Sobre esa luz confusa, que cae perpendicular a los hombres e  ignora la esencia del tiempo. Ella, atenta al placer de la somnolencia se zambulle, se retuerce, la cadera a un lado, la pierna tensa, la mente ausente. Intenta moverse.

Da una vuelta y se pega.  A la derecha ha crecido una pared. Mueve la pierna y es igual. Teme golpear la cabeza, pero se sacude.

Al sacudirse se ilusiona con verse flotando. Se moja un dedo y lo levanta, no siente al viento.
Pone el dedo mojado en el ombligo, lo va hundiendo y este no se resiste, distraída va metiendo el brazo, pasa el codo, llega al hombro y esto se torna una decisión.

Salir para adentro, entrar en otro que es ella. Un brazo que ya no ve, pero que también es ella.
Decide hundir un pie antes que la cabeza. La cabeza es la última que se entera.

Una rodilla adentro, el cuerpo doblegado. Con la mano libre se suelta el pelo y lo lleva al ombligo, que antes fue el centro y se va.

Ya toda ella, nada en ella. Que es otra y se vuelve a encontrar.