Nunca entendí este tema de la muerte y si la muerte es paralela a la vida, dos caras de la misma moneda, entonces no entendí ninguna.
Me pareció que no podía ser que me muera y nada. Pensé un poco si me muero y Dios…pero luego ya no lo creí. Después pensé que ni modo, que no se podía saber, no teníamos forma. Entonces quién sabe y con ese nivel de certeza, para qué preocuparse.
Siempre le tuve miedo a la muerte. Pero incluyendo posibilidades como la de que realmente exista, pienso en detalle y mi velorio es una de las tantas cosas que me preocupa.
Se piensa por pensar, por ejercicio. No tiene sentido pensar para resolver, porque no hay manera.
Si me muero le he dicho a Mario que limpie la casa, deje espacio e instale una exposición de mis cosas. Baratijas: unos cuentos, poemas sueltos, algunas serigrafías, fotos, que ponga algo de música y que la gente se lleve algo si le viene en gana.
Mario dice que es muy complicado, que no sabe si va a querer dar mis cosas porque capaz mañana valen algo. Yo le digo que no, que es pura mugre, que no lo va a beneficiar en nada tenerla en el ropero, mejor que ya aproveche y limpie. Una vida de souvenir.
La mayoría del tiempo elegí pensar que era inmortal, que de alguna manera era inconcebible un mundo sin mí. Porque al mundo lo entiendo desde mí; decapitada ya no habrá reina ni forma de darme cuenta. Por lo que es imposible tanto apoyarme en la idea de que soy inmortal como refutarlo.
Hubo una tarde que escuché una charla en un ómnibus, hablaban de los trámites para que te cremen en la intendencia.
Parece que te tienen que ver, supongo que es comprobar que realmente sos el muerto del llorante. Es lógico, no da para gastar lágrima en cadáver ajeno. Las mujeres decían que se escuchan crujir los huesos, y el muerto de uno reventando de lo más navideño.
Es cuestión de meditarlo.
Igual es bastante poético. Terminar esparcida en un parque, surcando las olas o ensuciando familiares. Volar, volar, por fin volar.
Una de las chicas decía que es un trámite rapidito, vas a la intendencia y firmas tres pavadas. Creo que es hasta gratis la cuestion.
Miré a las señoras y vi que una era muy joven, la que había hecho el trámite, la miré y dije: pobre se va a morir, y seguí para adelante como si nada.
Pienso que así como viene mi vida, me voy a morir de algo intrascendente. Tengo sobrepeso así que infarto viene al pelo. Sé que no me voy a hacer famosa por desaparecer en una tragedia, aunque fantaseo con ello. La gente lamentándose, las cámaras, mi madre y su recuerdo.
A veces cruzo la calle y en el medio me imagino un accidente, doy vuelta la cabeza rápido así no le dejo trauma al conductor.
Espero llanto, alguien que me llore, un poco de congoja.
Es casi seguro que me muera antes que mi madre. Que desgracia de hija.
Nunca intervendría en mi destino, ni loca me mato, creo que es algo desagradable para los de más. Soy incapaz de hacerlo. El suicidio es otra de las cosas que no hago por falta de capacidad.
Aún no acepte la donación de órganos porque la estafa no me surge.
Resumiendo: quiero cremación, así que voy a tener que resignarme a un trámite; pensé que para que a Mario le sea más sencillo le puedo dejar un instructivo en txt y los teléfonos en Excel para invitar a la gente del velorio, con alguna aclaración claro: “la tía que no coge”, “la amiga que se fue de hippie”, “compañeros de la primer carrera de facultad, de la segunda, de la tercera…”
A mis padres les podría dejar una carta que diga que no los hice abuelos porque no podría reproducir la felicidad que conocí en mi infancia.
Y algo ingenioso se me tiene que ocurrir para que post mortem me publiquen la novela.
Tanto trabajo me desahucia, ni agonizante tengo un descanso. Este año no tengo tiempo, pero cualquier día organizo todo y así sin más, me muero.
2 comentarios:
Vivir con intensidad el deseo de morir. Toda una vida procrastinando.
Un texto bien redactado. Me gustó. Gracias por compartirlo Zobeid@.
Gracias por el comentario y por leer. No pude ver el tuyo, pero hoy sin falta paso por ahí.
Publicar un comentario en la entrada