domingo

Reunión de Mentirosos



Lo que entendí al cortar la llamada fue que en ese momento cambiaba mi vida. Tenía una propuesta y una única opción: tomarla. Con una mano colgaba el tubo y con la otra buscaba el primer vuelo a Nueva York.
Llegué al J.F.Kennedy a las siete de lo que ellos llaman noche, compré un whisky en el free shop, confié en un taxista puertorriqueño que me llevó al hotel. Y me asombré, no comí, no mire tele, me asombré y en eso se me paso la noche.
Juan Carlos Onetti me había dicho que sí, que aceptaba la entrevista. Pero que si se iba a mover, si volvía a un bar, el lugar era Nueva York.
No iba a ir al Chelsea, no iba a recorrer un parque, tenía unas horas para verlo. En el hotel me dieron una dirección numérica, nos veríamos en la cuarta y la veintitrés, el sitio se llamaba Met´s.
Onetti esperaba impecable de pie en las afueras del bar. Dolly estaba a un lado, oficiaba de comodín con un enorme chal negro que le cubría algo más que el cuello y le daba un aire místico que le permitía estar y no estar al mismo tiempo.
Me presente y el escritor eligió la mesa más alejada del ventanal. Pedimos un whisky que no conocíamos. Eran las once de la mañana, ninguno había almorzado y nos acercaron algunos snaks para demorar la borrachera.
Juan Carlos Onetti no miraba nada en particular, y en su respiración había un peso importante que cada tanto salía en forma de resoplido o reflexión con cada calada de cigarro.
¿Por qué esta ciudad Onetti?
-Porque no somos nadie. Porque es otra…
¿Por qué Met`s?
-Porque la miseria está en todas partes. Esta es la miseria del gringo. En los cincuenta leía noticias lejanas de artistas que acá comían, charlaban, se juntaban para ser algo. Acá no hay nada.
¿Todo pasa, nada es permanente?
-Mira lo que me preguntas, no soy filósofo. Sabe dios…Los cuentos, quién sabe.
¿Cómo te ganaste tu lugar en las letras latinas?
-Molestando. Escribía y escribía; y si no tenía para comer: escribía.
¿Los concursos son una forma de hacerse conocer?
-Los concursos me ayudaron, sabía cuando tenía una historia para ganar. Me criticaban…pero gané varios. Ahora es otra cosa, ahora hay muchas cosas.
Dijiste que tu obra es una gran confesión. ¿Sos un escritor de intimidades?
-Soy un mentiroso. Escribo mis mentiras, siempre lo hice.
-Popularmente Juan Carlos Onetti es un tipo reservado, ermitaño, no se habla de un gran conversador, mucho menos de un hombre sociable. ¿Qué hay de cierto con esto?
La sociabilidad se me da de manera torpe. Soy tímido. Los nervios me superan en las reuniones. No soy un gran conversador, creo que las palabras hay que usarlas cuando son mejores que los silencios.
¿Fuiste feliz?
-En la infancia, cuando era un niño fui feliz. La mía fue una infancia sin historia, como la vida de una mujer honrada, feliz y sin historia.
¿Se enamoro?
-Siempre. Pero la sordera se lleva todo, siempre hay alguien que es sordo y a veces todos somos sordos. Quise mucho.
Su obra es una gran confesión; ¿y su vida?
Literatura; mi vida es la literatura. Los días se me iban buscando editor.
-“Al hombre siempre lo espera la muerte, supremo fracaso, pero el artista intenta ser por medio del arte”. ¿Adónde quiere morir Onetti?
No quiero morir. Ante lo inevitable…en Santa María.
-¿La palabra todo lo puede?
Eso dice Brausen.
Continuamos hablando un buen rato, ya habíamos pedido el tercer whisky y de mi parte la situación se vio envuelta en una neblina de ensoñación de un momento que siempre espere. No recuerdo ahora por que en un momento apague el grabador. Siempre tuve respeto por la documentación, pero algo paso que lo apagué y la charla continuó aunque no tenga pruebas.
Juan Carlos hablaba y revolvía su vaso, movía inquieto su largo cigarrillo, seguía sus pausas sin medida. Vestía la vida y la muerte a sus ochentaisiete años. Dolly tenía actitud, lo acompañaba, era una compañera elegante. Tomó un margarita que de simbólico se hizo agua.
Nos pusimos lentes oscuros para dejar el lugar. Onetti apretó mi mano sellando un trato de amistad. Gracias por el riesgo, me dijo. Y mi agradecimiento fue poco. Me fue imposible expresar lo que él significaba para mí, decirle lo que pensé por años, lo que sentí párrafo a párrafo. Me fui con una deuda.
Lo vi caminar rumbo a la Bond Street llevaban un tranco lento y añejo. Ojala Juan Carlos también se haya asombrado.

*Relato de origen absolutamente ficticio.

6 comentarios:

Zobeid@ dijo...

Qué solos nos hemos quedado Juan Carlos, se fueron los coments, pero volvieron las estadísticas. Algo es algo.

Anónimo dijo...

verosímil. hay un cuento que se llama "onetti a las seis" no sé cómo se llama la escritora, pero creo que es de este estilo...

Zobeid@ dijo...

Uh! la verdad no tenía ni idea, suerte que tengo testigos al momento de la escritura. Voy a googlearlo a ver si lo puedo leer.

Quién sos Sr. anónimo?

Zobeid@ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fd dijo...

che, muy bueno eh
al final me lo imaginé entrando a la bond street jeje

pero no en serio, muy muy bueno

Zobeid@ dijo...

Gracias che, que bueno que alguien lea! gracias.